El cine de 2026 arranca con un esperado estreno, que ya se presenta como un éxito anticipado en taquilla por sus protagonistas: Sydney Sweeney y Amanda Seyfried encabezan el elenco y son las productoras ejecutivas de “La empleada” (con Brandon Sklenar como el tercer personaje en disputa), la película dirigida por Paul Feig, basada en el best seller internacional de Freida McFadden, e inscripta en el terreno del suspenso y thriller psicológico.

El guión narra la historia de Millie Calloway, una joven y atractiva mujer con un pasado complicado recién salida de la cárcel y que encuentra la oportunidad de reinventarse al entrar a trabajar como empleada doméstica y asistente general para una adinerada y elitista familia, conformada por Nina y Andrew Winchester y su pequeña hija Cecilia, que a la vista de todos es la imagen ideal de la perfección.

“Pero en esa casa de lujo, nada es lo que parece y cada rincón esconde un secreto peligroso. Lo que parece el trabajo ideal pronto se convierte en un oscuro laberinto de secretos, engaños, manipulaciones y obsesiones que pondrán a prueba su cordura y su vida. Millie comienza a notar comportamientos extraños de sus jefes, mientras se concentra cada vez más en la vida de Nina y en la dinámica familiar, que espía sin que nadie note que ella está ahí”, se adelanta.

La tensión entre el trío -con el agregado de un jardinero Enzo interpretado por Michele Morrone- que impulsa la trama incluye una mirada sobre el deseo y el ejercicio del poder, que promete mantener al espectador al borde de la butaca desde la primera escena y hasta el sorpresivo final. El elenco se completa con Elizabeth Perkins, Mark Grossman, Hannah Cruz, Indiana Elle, Amanda Joy Erickson y Maury Ginsberg.

Las acciones están atravesadas por una atmósfera inquietante y una sensación de peligro creciente, con giros inesperados y personajes moralmente ambiguos en el universo de las apariencias y los privilegios de quienes ocupan los lugares sociales más altos en el mundo contemporáneo, que remite a la ganadora del Oscar, la surcoreana “Parásitos”, con elementos de seducción de “La mano que mece la cuna”. “A veces, el verdadero peligro puede estar más cerca de lo que imaginamos”, se advierte.

El libro original de McFadden está desde hace 130 semanas en la lista de los más vendidos del New York Times y en Kindle solo quedó detrás de la saga de Harry Potter. Se tradujo a 45 idiomas, lo que consolida su proyección internacional.

Violencia doméstica

Feig defendió ante el sitio norteamericano Variety la importancia de ver su realización en el cine. “El público se va a divertir mucho viendo esta película en conjunto, porque esas reacciones colectivas son algo que simplemente no se pueden obtener en el living de casa. Realmente la diseñamos para que la audiencia reaccione en vivo y en el momento. Estoy emocionado de que la gente tenga esa experiencia”, comentó, para luego elogiar la actuación del triángulo central, dentro de un relato complejo.

El director destacó las dificultades de afrontar un filme de suspenso: “Alfred Hitchcock decía que es como tirar de una cuerda. Si tirás demasiado, se rompe; si no tirás suficiente, se afloja. Nosotros queríamos ver hasta dónde podíamos tirar de la cuerda sin que se rompiera”.

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“Me encantan las historias que te hacen pensar en lo que apoyás y en lo que no. Iluminan los juicios que hacemos sobre la gente, las situaciones y lo que creemos desear. A veces, cuando finalmente ves la realidad debajo de todo, tu visión completa del mundo se desmorona”, agregó el realizador, quien antes de esta película aportó títulos como “Damas en guerra”, “Un pequeño favor” y “Cazafantasmas”.

Tras un año que la tuvo en cuatro producciones, Sweeney reivindicó la posibilidad de hacer películas que “tengan impacto y salven vidas de personas”, en una entrevista con la BBC, en la cual vinculó el filme con la violencia doméstica, idea base que respaldó Feig.

“Me encantan las historias complejas, jugosas, locas y retorcidas. Este es un proyecto de ensueño”, añadió, y resaltó como un punto alto la dinámia alcanzada con Seyfried. “Es muy divertido trabajar con personas que viven la vida de manera similar y tienen ideales parecidos sobre el trabajo y la vida. Logramos una dinámica que nos permitió ir a lugares locos y descubrir mucho más dentro de cada personaje. Tienes que interpretarlo lo más realista posible porque debe reflejar la vida real”, describió.